La higiene es un concepto realmente flexible. Los sistemas de higiene modernos personalizan paquetes de medidas para cada aplicación específica que funcionaran para minimizar los riesgos de transmisión de infecciones, o bien de otros efectos adversos provocados por los microbios.

Se empieza por la identificación de los factores de riesgo potencial de cada situación. Utilizando las herramientas necesarias, se evalúa la importancia de cada peligro y se identifica los pasos críticos para controlar riesgos. Los sistemas de higiene se construyen sobre buenas prácticas domésticas y/o laborales para evitar la posibilidad de contaminación siempre que sea posible. Los pasos de limpieza y desinfección se incorporan de forma selectiva y orientada para controlar los riesgos restantes en los lugares y tiempos críticos, y proporcionar unos márgenes adecuados de fiabilidad y seguridad.

Por ello, higiene no es sinónimo de un uso abundante de productos químicos. La limpieza y desinfección solo son una parte de la higiene y los productos solo pueden proporcionar sus beneficios dentro de un marco de buenas prácticas administrado correctamente.

La base de una buena higiene, cuyo objetivo es minimizar la posibilidad de una contaminación cruzada de microbios durante un proceso, es la separación física de elementos y proceso limpios y sucios (contaminados).

JUAN VICENTE ROBLEDO

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